22 de Marzo, 2026
Se quedaron sin sueldo, no pudieron pagar el alquiler y se fueron a vivir al frigorífico en el que trabajaban
La producción de Euro, en el sur de Santa Fe, se paralizó en octubre y 140 personas quedaron en un limbo. Hay 15 familias que se instalaron allí porque no tienen dónde ir.

En lo que hasta hace cinco meses era el comedor del Frigorífico Euro, en Villa Gobernador Gálvez, hoy corren una nena y un nene que no superan los cuatro años. Juegan a las escondidas debajo de mesas metálicas blancas de patas altas. Son las mismas mesas que por la noche se convertirán en camas, cuando sean cubiertas con pedazos de telgopor y un juego de sábanas. Así descansan algunos de los 140 trabajadores de la fábrica que dejó de funcionar a fines de octubre del año pasado. Ocuparon el lugar, primero, en busca de mantener la fuente de trabajo, pero después como un techo porque ya no pudieron pagar el alquiler. Pasaron 132 días y hay quince familias viviendo en lo que una década atrás supo ser una empresa de 900 empleados.

“Al principio, a la nena le costaba vivir acá pero ahora ya se hizo amiga de los hijos de otros compañeros y eso, para mí, es un alivio”, cuenta Fabiana Carabajal, una de las despedidas. Tiene 41 años y hacía 20 que trabajaba en el frigorífico, en el sector de menudencias. Su hija Antonella, de 11, camina en silencio por el comedor con la ropa de la escuela. “Es difícil porque no tenemos la comodidad de nuestra casa y se complica hacer la tarea. A los chicos les calentamos el agua con la pava para que se bañen”, cuenta. Fabiana se fue a vivir a la fábrica en noviembre, cuando dejó de pagar el alquiler de su casa porque ya no tenía sueldo. Hoy, su habitación es una de las oficinas que están en la entrada del lugar y la cama es un colchón que está sobre un escritorio. “Es difícil porque toda mi vida trabajé para mis hijos, no les hacía falta nada, y de un día para otro tuve que empezar a decirles que no”, agrega.

En otra de las oficinas duerme la nieta de Fabiana, Isabella, que tiene 4 años y es hija de Claudio, que también era operario. Isabella juega con Brian, hijo de otro de los trabajadores. Corretea por los pasillos y vuelve cerca de su mamá, Lucía Gómez, que sale por las mañanas a trabajar a una pescadería y vuelve 12 horas después. “Las deudas ya pasaron a segundo plano, antes estábamos preocupados para ver cómo pagábamos, pero ahora lo importante es conseguir el plato de comida”, cuenta. Ellos también se quedaron sin casa y recurrieron al frigorífico que está en el Sur de la provincia de Santa Fe.

Para el resto de las mujeres que viven ahí Fabiana es “la mamá luchona”, primero lo dicen en broma, pero después se ponen serias y lo reafirman: es la que insiste en quedarse, la que organiza, la que aconseja, la que enseña a cocinar las tortas asadas. Para sostener el día a día, los hombres lavan autos y las mujeres hacen tortas fritas y asadas, además de rosquitas (tienen un fondo de lucha al que se puede aportar al alias euro-2026). También tienen changas aparte, lo que salga. Hay quienes manejan Uber, limpian casas, cortan pasto o cuidan a personas enfermas. Una comunidad en la que la crianza también se comparte, cuando las mujeres salen a trabajar por las mañanas, los hombres se quedan a cargo de los chicos. O viceversa.

Un sector golpeado

Si bien la toma del frigorífico comenzó en noviembre, la debacle se inició mucho antes. Cuando los dueños, Guillermo y Nicolás Salimeni –que se quedaron con la empresa después de compartir la dirección con sus dueños originales, el Grupo Lecchio–, comenzaron a reducir la planta a través de retiros voluntarios que los trabajadores consideraban irrisorios. En 2025, hubo tandas de despidos y de los casi 400 empleados que había en 2024, habían quedado 150. “Yo creo que estaban especulando con la reforma laboral para reabrir la empresa con las mismas personas pero sin antigüedad y con otras condiciones”, dice Walter Navarro, delegado paritario del Sindicato de la Carne.

El 31 de octubre del 2025, los dueños dijeron que paralizarían la producción por 15 días debido a la situación económica. Días después, los trabajadores tomaron la planta al ver que se estaban llevando máquinas y que no estaban pagando los sueldos.

Actualmente hay conversaciones entre los Salimeni, el sindicato, el intendente de Villa Gobernador Gálvez, Alberto Ricci–que viene del socialismo–, e inversores que están interesados en alquilar el lugar y continuar con la producción. Se trata del Grupo Baires Natural Casing, de Jorge Darco, y otro socio local. “Aparentemente, habría una respuesta, estamos esperando que los dueños le den el ok. Estamos con expectativas de que salga todo bien”, dice Walter Navarro. Esa es la esperanza de los trabajadores, que se retome la producción y que los ruidos de las máquinas retumben por el lugar.

Se trata de un sector que sufrió muchos cimbronazos en los últimos días a raíz de las políticas económicas de Javier Milei. En la primera semana de febrero, el histórico frigorífico General Pico, que producía las hamburguesas Paty, desvinculó a 194 trabajadores en medio de una crisis financiera profunda. La semana pasada, el frigorífico Ganadera San Roque cerró su planta en Morón y dejó sin empleo a 140 trabajadores a raíz de la caída del consumo interno y el crecimiento de las importaciones. Hay otros casos de suspensiones o despidos como en Devesa, en Azul, que redujo en casi cien empleados su plantel o del frigorífico Anselmo, en Tres Arroyos. También en Pérez Millán, partido de Ramallo, donde el martes pasado ArreBeef redujo su actividad y dejó sin tareas a unos 400 trabajadores. Los datos del sector muestran cifras negativas desde la llegada de La Libertad Avanza, la faena nacional alcanzó en febrero 924.000 cabezas, lo que representa una caída del 9 por ciento con respecto a enero y del 11 por ciento frente al mismo mes del año pasado.

El bicicletero

Walter Navarro tiene 23 años de antigüedad en la empresa y explica la historia desde los inicios del frigorífico en 2003 con una sola imagen: la del bicicletero. “Cuando abrió, todos veníamos en bicicleta. Vos veías que estaba lleno, pero a raíz del trabajo nos fuimos comprando, primero, una motito y, después, un autito usado. Entre el 2009 y 2011 llegamos a ser 850 personas. Ahí, el bicicletero quedó vacío”, recuerda sobre los años de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.