Durante décadas, el Savoy fue escenario de casamientos, encuentros políticos, veladas culturales y visitas de personalidades. Sus salones y habitaciones guardaban historias que forman parte de la identidad de la provincia. Hoy, sin embargo, esos espacios permanecen vacíos y sus muebles se rematan como objetos corrientes, cuando en realidad son recuerdos compartidos por generaciones enteras.
Una víctima del ajuste y la crisis económica
El cierre del Savoy se produce en un contexto de fuerte crisis económica, signado por la inflación descontrolada, la caída del turismo interno y la falta de políticas públicas para proteger al patrimonio cultural.
Desde el sector hotelero y cultural apuntan que las medidas de ajuste del gobierno nacional y la ausencia de apoyo a espacios históricos resultaron determinantes en el desenlace. El lema oficial de que “no hay plata” se traduce en un golpe directo contra la memoria, la cultura y la identidad de las provincias.
Una herida para la memoria riojana
El final del Hotel Savoy no solo marca el cierre de un ícono arquitectónico, sino también la pérdida de un lugar que fue parte de la vida cotidiana de miles de riojanos. Un espacio que supo reunir a la comunidad, generar lazos y ser protagonista de la historia local.
El desafío que queda es enorme: defender la cultura, preservar la memoria y exigir políticas que protejan el patrimonio histórico frente a la indiferencia y el ajuste.
El Savoy ya no abrirá sus puertas, pero su legado sigue vivo en quienes lo conocieron, lo disfrutaron y lo sienten como propio.
